¿El viejo golpe de Jeunet? 🤖

¿El viejo golpe de Jeunet? 🤖

Ausente de nuestras pantallas desde hace nueve años, Jean-Pierre Jeunet firma su regreso a Netflix con una comedia de ciencia ficción que corre el riesgo de despistar a más de uno. ¿Es BigBug un éxito? En cualquier caso, sorprende…

Con su estilo iconoclasta, Jean-Pierre Jeunet es uno de esos directores a los que se vigila con detenimiento cada uno de sus proyectos, ya que le ha dado por sorprendernos, y muchas veces en el buen sentido. Hay que decir que cuando eres capaz de firmar en rápida sucesión La ciudad de los niños perdidos, Alien, La resurrección (sí sí) y El fabuloso destino de Amélie Poulain, ya hay suficiente para construir una sólida reputación como toque. -a todos los que les gusta pensar fuera de la caja. Salvo que con el fracaso comercial de su último largometraje, L’Extravagant voyage del joven y prodigioso TS Pivet, el director había desaparecido del radar. Hasta que Netflix presentó BigBug.

©Netflix

Estamos en 2045 y la humanidad ha desarrollado la inteligencia artificial hasta el punto de que se ha vuelto imprescindible para la tarea más pequeña, como abrir una puerta. Y mientras afuera, un ejército de robots, los Yonyx, toman el poder sobre los humanos, un grupo de individuos se encuentran atrapados en una casa por robots domésticos, decididos a protegerlos a pesar de sí mismos.

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Para que conste, parece que antes de aterrizar en Netflix, el lanzamiento de BigBug fue rechazado por muchas productoras, a pesar de lo joven que era. Luego tomó la plataforma de transmisión (SVoD), conocida por dar total libertad a sus directores estrella, para que la película viera la luz del día. Ventaja para el cineasta, librarse del salvaguarda productor cuyo papel era por momentos volverlo a poner en los clavos cuando la visión artística se desbordaba del encuadre. La otra cara de la moneda es que sin esta limitación, ante el resultado final, el espectador a veces ya no sabe realmente lo que está mirando. Y es en esta zona gris donde se desliza BigBug.

El futuro en el pasado

Antes de desplegar nuestra opinión, vale la pena recordar un elemento esencial de la crítica que es muy importante aquí: es esencialmente subjetiva. Se basa en argumentos, pero no deja de ser la visión de su autor, su apreciación de la obra. Un recordatorio necesario ya que BigBug se presenta como una curiosidad que corre el riesgo de atraer tanto defensores como detractores. Por nuestra parte, estamos más en la segunda categoría.

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Hay algo de joven en esta película, eso seguro. Su gusto por los primeros planos, su trabajo sobre los cuerpos de sus actores para expresar intenciones en texto e imagen, esa colorimetría… BigBug es Jean-Pierre que hace Jeunet con la generosidad de un niño. Aunque el metraje transcurre a puerta cerrada, abraza la ciencia ficción con la riqueza de detalles, desde las mil y una escenografías hasta el diseño de sus robots. En una casa suburbana donde todo se parece, ningún elemento es igual a otro.

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Sin embargo, ese enjambre permanente consistente en crear un mundo donde reina lo artificial quizás logre demasiado bien su objetivo: nunca creemos en él. De lo generoso pasamos a lo superfluo, a lo superficial. Nada se siente tangible, todo sabe a plástico. BigBug no es tanto una película como una vitrina de una feria de 1970 asumiendo el mundo del 2000. Imaginamos el futuro en el pasado.

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Un sentimiento que contagia a su evidente denuncia del transhumanismo, nuestra dependencia de la tecnología, o incluso la crisis sanitaria y las decisiones gubernamentales. Entendemos el punto, pero no hay nada innovador al respecto. Otras películas del género señalaron nuestros mismos defectos años antes, solo que mucho mejores. Al querer arañar a la sociedad capitalista, Jean-Pierre Jeunet cae en la trampa de la gran cuerda siendo tan sutil y fino como un Renaud cantando sobre el Coronavirus. Tiene la intención de ser chirriante, es sobre todo vergonzoso.

BigBug en Matrix

Desde la introducción, BigBug advierte: despojados de su capacidad de autocontrol, los humanos se han convertido en animales sujetos a sus más bajos instintos. En su afán por deshumanizar a la sociedad, el director reúne a un elenco excepcional (Elsa Zylberstein, Stéphane De Groodt, Youssef Hajdi, etc.) para caricaturizarlos. Podemos decir que el resultado superó las expectativas.

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Terminamos con actores que fingen ser mal dirigidos tan bien que el ridículo se vuelve creíble. Lejos de la sátira o la parodia, tenemos más la impresión de caer en el nanar donde cada personaje recita su texto y pasa al siguiente. Todo el mundo exagera o juega mal en una especie de histeria colectiva agotadora para los ojos y los oídos. Aparte de los androides divinamente interpretados por Claude Perron y François Levantal, imposible sumergirse en la atmósfera mientras deseamos profundamente la muerte de cada ocupante de esta casa del infierno.

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Y ahí es donde entra el peor castigo de BigBug para un espectador cansado: su duración. Para la 1h50, el propio largometraje opta por un corte en sketches donde las parejas tienen las hormonas y la estupidez a fuego, como si estuviéramos metidos en una versión alargada de Escenas de hogar, humor en menos. La farsa es interminable.

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Ya sea en su comedia o en su sátira, BigBug se pierde todo, casi voluntariamente. No podemos decir si es Jean-Pierre Jeunet o nosotros, pero uno de los dos claramente se ha vuelto demasiado viejo para esta mierda.

Pedro Perez

Pedro Perez

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